La historia de una familia
y una forma de hacer las cosas
Tres generaciones preparando aceitunas en el mismo pueblo. Empezamos en un corral de suelo de tierra, con unos pilones y unos mazos de madera.
Con los años cambiaron el sitio y la cantidad. La forma de hacerlas, no.
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Generaciones
Mi abuelo Paco, mi padre y yo. La misma familia y el mismo oficio desde el principio.
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El año que salimos de casa
Compramos una fábrica en el pueblo. Cambió el sitio y cambió la cantidad, pero no la manera de hacer la aceituna.
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Reseñas en Google
4,9 sobre 5. Están en nuestra ficha de Google, donde no podemos editarlas ni borrarlas.
Todo empezó en casa
Antes de que Aceitunas López llegara a Internet, nuestras aceitunas ya habían recorrido muchos caminos. Mi abuelo Paco era recobero: iba por los campos llevando pan, pescado, carne y pollo a quienes vivían y trabajaban allí. En su casa, la de Paco y Teodora, empezaron también a prepararse aceitunas.
No había instalaciones ni maquinaria. Había un corral al descubierto, unos pilones donde se cambiaba el agua para quitar el amargor, tinajas, bidones y muchos kilos de trabajo a mano. Las aceitunas se partían con mazos de madera sobre una mesa, ayudaban las mujeres y las muchachas del barrio, y mi abuela Teodora estaba pendiente de que cada paso se hiciera como debía.
El corral de casa
Suelo de tierra, unos pilones para cambiarle el agua a la aceituna hasta quitarle el amargor, tinajas, bidones y mazos de madera. Así se hacían aquí las aceitunas antes de que hubiera una fábrica.
1989 · La fábrica
Mi abuelo y mi padre compraron una fábrica que unos socios habían levantado en el pueblo. Dejamos atrás las instalaciones de casa con una idea clara: la forma de hacer las aceitunas no tenía por qué cambiar.
2016 · Más lejos
Hasta entonces vendíamos cerca de casa, en tiendas, supermercados y restaurantes de Extremadura. Ese año empezamos a vender por Internet: primero en Amazon y después en nuestra propia tienda.
«Queremos que comprar Aceitunas López se parezca lo más posible a comprar en la tienda de barrio. Que quien nos compre conozca el producto, confíe en cómo lo hacemos y, sobre todo, que nunca sienta que le hemos engañado.»
Tercera generación · Aceitunas López
Una aceituna empieza mucho antes del tarro
Somos muy exigentes con la materia prima. Venga de nuestra propia recolección o se la compremos a quien la cultiva, seleccionamos personalmente la aceituna que entra en las instalaciones: sana, verde, bien cuidada, sin daños y recogida como hay que recogerla, sobre todo cuando va a ser aceituna de mesa.
Compramos siempre a la misma gente, y a alguna la conocemos desde hace décadas. Y cuidamos cada paso: la entrada de la aceituna, la elaboración, el envasado, la preparación del pedido y el envío. Porque esa aceituna acaba en la mesa de alguien, y ese plato tiene que apetecer.
Algunas te las damos para que las hagas tú
Hace años que enviamos aceituna cruda fuera de Extremadura: primero a fruterías de otras zonas y después directamente a casas de toda España. Y cada vez nos gusta más ver lo que pasa después.
Hay quien las recibe y vuelve a hacer en casa la receta de su familia: las parte con un mazo, les cambia el agua durante varios días, espera a que pierdan el amargor y las aliña a su manera. Una vez nos contaron que, al abrir la caja, el padre de quien las había pedido se sentó con un mazo de madera a partirlas, y que mientras les cambiaban el agua se fue acordando de cómo lo hacía años atrás. Salieron riquísimas. Pero, aunque no hubieran salido, aquella tarde ya no se la quitaba nadie.
Eso también es una aceituna: no solo lo que se come, también lo que se recuerda.
Lo que dice la etiqueta
Con los años hemos innovado: tenemos elaboraciones tradicionales y también productos nuevos y sabores distintos. Lo que no queremos cambiar es la transparencia. Si un producto se vende como sin conservantes, tiene que ser sin conservantes. Si la etiqueta dice agua, sal y orégano, eso es lo que hay dentro. Y si ponemos aceite de oliva virgen extra, es aceite de oliva virgen extra.
Un equipo pequeño
Durante todo el año somos pocos. Cuando llega la temporada se suma más gente para la recolección, la fábrica y lo que haga falta. Yo me crié dentro del negocio, repartiendo con mi padre por tiendas, supermercados y restaurantes, y a los 18 años entré de lleno en la fábrica.
De Valverde a cientos de kilómetros
Antes vendíamos en el pueblo, en los de al lado y en la provincia. Hoy una familia de Valverde de Leganés puede mandar sus aceitunas a casas que están a miles de kilómetros, y eso hace que más gente conozca Extremadura. Queremos seguir creciendo, sí, pero sin perder lo que nos ha traído hasta aquí.
Solo queda que las pruebes
Puede que nuestras aceitunas te recuerden a las de tu pueblo. Puede que descubras un sabor nuevo. O puede que simplemente encuentres unas aceitunas que te apetezca volver a pedir. Nosotros seguiremos haciendo nuestra parte: elegirlas, cuidarlas y mandártelas como nos gustaría recibirlas en casa.
